jueves, 23 de marzo de 2017

Jueves con sabor a viernes.

Durante mi estancia lejos de la ciudad descubrí nuevos ojos, deje de ver y aprendí a observar. Con cada nuevo descubrimiento mi ser se estremecía cada vez más. Cuanta magia nos rodea, cuanta belleza nos acompaña durante nuestro transcurrir por esta tierra. Fue tanta la emoción generada por el nuevo aprendizaje que la necesidad de compartir aquello que veía con los ojos del alma me llevo a descubrir una nueva pasión. Tomar fotos se volvió casi tan necesario para mi como escribir. Esta nueva necesidad la comparto con dos grandes seres con los cuales tengo la dicha de compartir otras tantas cosas, los tres podíamos enfocar hacia un mismo objetivo y las tres fotografías despertaban en cualquiera sentimientos distintos, fue hasta entonces que descubrí que tenía un nuevo amor. 

Cuando observo una fotografía tomada por mi vuelvo a observar aquello que tanto llamó mi atención y cada sentimiento vivido resurge. Por momentos pensé que le era infiel a mis amadas palabras, hasta ahora me doy cuenta que no existe competencia entre mis dos amores. Uno es mi refugio, el otro renueva mis energías y me hace ver la vida de mil formas distintas una y otra vez. Ambos me ayudan a mantener el equilibrio. 

Escribo desde que tengo 14 años y en mi constante afán de iniciar desde cero cuando siento que todo anda mal borré mucho de aquello que había escrito, hasta que empecé a leer viejos pensamientos salvados por milagro en este blog. Reconocer mi evolución, reencontrarme con lo que soy, son algunos de los beneficios que genera en mi cada palabra plasmada. 

Cuando mi mente no calla ESCRIBO y cuando el estrés o la cotidianidad me embargan observo el mundo con los ojos del alma y me enfoco en cada detalle, tal como lo haría al momento de tomar una FOTOGRAFÍA. 

Me pregunto como sobreviven los seres humanos que no practican algún arte.

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