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Muchas de mis decisiones se han basado
en argumentos creados por mis más inocentes sentimientos, apoyadas por mi
enorme corazón y por qué no mi fragilidad y baja autoestima, otras bajo los
efectos de momentos de extrema felicidad y una supuesta sensación de plenitud, muy pocas han sido tomadas bajo el dominio de la razón
o con base en las estadísticas y probabilidades que tanto calculo. Soy pura
emoción, impulsividad, optimismo, pasión. Tristemente casi siempre enfoco todo eso y mis
energías en cosas poco productivas.
No importa el total de horas libres que
pueda tener durante toda la semana, los domingos definitivamente son mis días
favoritos. No entiendo la magia de sus horas matutinas, solo sé que cada
domingo tiende a envolverme en un manto de paz, de gratitud y de encuentro. Que
bonito poder tener un momentito de felicidad solo con aquello que poseemos en
ese instante, sin el anhelo de algo más, la plena conciencia de donde estás.
Desearía que todos los días fueran como
mis domingos, pero me perturba la idea de que esa realidad me impida apreciar
esto que pasa el séptimo día de la semana.
¡Oh conciencia humana, no te conformas
con nada!