miércoles, 8 de octubre de 2008

“El ser humano, otro ser vivo con más de una vida”


En una de mis conversaciones habituales con ciertos amigos acerca de religiones hace 5 años surgió la interrogante ¿Qué hay después de la muerte? Uno de ellos respondió “el cielo o el infierno” y otro con voz baja y mirada pensativa dijo “otra vida”. En ese momento todos nos quedamos sin palabras y luego de unos cuantos segundos le preguntamos ¿Cómo otra vida? Aquel día fue la primera vez que escuché hablar acerca de la reencarnación. Tal respuesta provocó en mi un sin número de interrogantes, pero la principal aquella que durante mucho tiempo ocupó gran parte de mis momentos libres es ¿existe la reencarnación? Y después de mucha investigación y cruces de ideas he llegado a una conclusión, yo decido vivir sin creer en la reencarnación.


Según religiones como el hinduismo, el budismo y el Eckankar, la reencarnación es la creencia en la cual el alma, se separa del cuerpo y toma otro cuerpo para continuar una nueva vida como mortal. Esta teoría afirma que las almas pasan por ciclos de muertes y nuevas encarnaciones. Es decir, un ser humano puede volver a vivir después de la muerte en esta tierra, pero esta vez como un nuevo personaje. Incluso una creencia reencarnacionista llamada “metempsicosis”, enseña que los grandes pecadores pueden reencarnar en un animal o en una planta.


Podemos encontrar el origen de esta teoría en el deseo humano por darle una razón lógica de existencia a características, hechos o acciones que diferencian a cierta persona de otro y parecen no tener explicación. “De acuerdo con la teoría de la reencarnación estas diferencias serían culpa o merito por el comportamiento en vidas anteriores”.Por lo tanto aquellos que son pobres o que están enfermos es porque en sus vidas pasadas fueron unos grandes pecadores, con un “peso de culpa muy grande” y esos pecados están siendo limpiados en su vida actual.


El hombre no debe de inventarse “respuestas” para lo que no puede entender. “San Antonio el Grande, el célebre abad egipcio, meditaba en el desierto: ¿por qué algunos mueren tras una vida corta, mientras que otros llegan a una envidiable vejez? ¿Por qué algunos son pobres y otros son ricos? ¿Por qué los injustos se enriquecen y los justos pasan necesidad? Entonces oyó una voz que le respondía: Antonio, Antonio, ocúpate de ti mismo, pues eso pertenece al juicio de Dios y a ti nada te aprovecha saberlo. (Testimonios y Enseñanzas de los Padres del Desierto, Tescaroli). Publicado en la revista: Tierra Santa. Mayo-junio 2002. Jerusalén. Número 757.


Pero no sólo esta curiosidad del ser humano por saberlo todo, ha creado que este formule creencias como la reencarnación, también está el factor irresponsabilidad. Es más fácil creer que tenemos nuevas oportunidades para reivindicar nuestros actos, que aferrarnos a la idea de que sólo existe una vida y que lo que se hace en este hecho está. En otras palabras, el hombre siempre está en búsqueda de soluciones a sus problemas y el hecho de tener reglas para llevar una vida “digna” resulta ser algo molesto, por tal razón se inventa cosas para liberarse de la responsabilidad de tomar un camino sin faltas y luego ser recompensado. Esto resulta ser un tipo de engaño a gran escala.


Esta teoría resulta ser de gran aceptación. Es impresionante el número de personas que creen en ella. Según la revista Gallup en una encuesta realizada en Argentina el 33% de la población cree en la reencarnación. En Europa, el 44% de la población se adhiere a esta creencia. Y en Brasil nada menos que el 70% de sus habitantes son reencarnista. Por otra parte, el 34% de los católicos son creyentes de la misma, lo cual resulta ser algo contradictorio, ya que los católicos poseen una guía de vida, o como ellos les llaman un libro sagrado, La Biblia, que es el libro más en desacuerdo con la reencarnación que existe, según sus relatos.

La Biblia enseña la creencia de la resurrección. Esta doctrina se basa en la teoría de que después de la muerte la persona vive, pero no en la tierra sino con Dios en la eternidad. Esta teoría la vemos por primera vez en Daniel 12, 2: “La multitud de los que duermen en la tumba, se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la vergüenza y el horror eterno. Aparece por segunda vez en Mac 7.9. El rey Antiguo IV de Siria quiere obligar a siete hermanos fieles a la ley judía, por medio de tortura, a abandonar su fe. Al morir el segundo dijo al rey: “Tú nos privas de la vida presente, pero el Rey del mundo a nosotros nos resucitará a una vida eterna”. El séptimo al morir dijo: “Mis hermanos después de haber soportado una corta pena, gozan ahora de la vida eterna” (2 Mac 7,36).


En la Biblia encontramos un sin número de relatos que confirman la existencia de la resurrección y por lo tanto niega la creencia de la reencarnación, entre estos podemos ver:

Ø 2 Samuel 14,14: “Todos tenemos que morir y seremos como agua derramada que ya no puede recogerse”.
Ø Sabiduría 16,14: “El hombre, en su maldad, puede quitar la vida, es cierto; pero no puede hacer volver al espíritu que se fue, ni libera el alma rebatada por la muerte.
Ø Job le dice a Dios. “Apártate de mí así podré sonreír un poco, antes de que me vaya, para no volver, a la región de las tinieblas y de las sombras” (Job 10,21-22)


Sin lugar a dudas es una total contradicción que aquellos que dicen ser católicos crean en la reencarnación, cuando la Biblia (que es el libro que rige sus creencias y forma de vida) habla específicamente de una sola vida en este mundo. Sólo tenemos derecho a una sola vida en esta tierra, sólo una parece ser necesaria para realizar los objetivos que se nos fueron encomendados sin saber antes de venir a aquí. Sólo una vida es necesaria para hacer, deshacer y arreglar.


Pero no sólo la Biblia impide creer en esta teoría, también el sentido común entra a ser parte de este debate. Cómo es posible creer en la reencarnación, es decir, en la teoría de nacer una y otra vez en distintos cuerpos, en distintos escenarios hasta alcanzar la perfección total del alma. Esto le quita el sentido y el valor a la vida que poseemos y nos hace cada vez más arrogantes, al creernos dueños de nuestra existencia y amos de nuestros actos. Además, resulta algo absurdo. Quien nos creó nos hizo inferiores a él, es decir no somos perfectos, y en el momento que nos convirtamos en seres totalmente puros y perfectos de alma nos convertiremos en seres igual a él, por lo tanto, también seriamos “dioses”. Esto resulta ser inimaginable. Ya es suficiente con tantas y tantas religiones, qué sería de nosotros con la misma cantidad de religiones para cada “dios” que reencarnara.


La reencarnación por lo tanto resulta ser una doctrina construida sobre una base poco sólida.
Por el sólo hecho de no saber el propósito de algunos sucesos o el origen de ciertas cosas, no podemos inventarnos una teoría que solucione nuestras vidas. Somos autores intelectuales de nuestras acciones, todo lo que hacemos debe de estar sólo bajo nuestra responsabilidad, consientes que no hay una segunda oportunidad.

Así como no existen hadas con varitas mágicas, que nos solucionen la vida, así tampoco existen otras vidas que nos permitan borrar los errores o logros ya vividos.