Su particular esencia atrajo mi atención, pero fue su cuerpo quien
desato en mí la más profunda curiosidad y la más absurda angustia. Oh curioso
ser que no podías conformarte con apreciar tal perfección hecha hombre.
Una mirada distinta a la de
siempre, un comentario fuera de contexto y la sensación de atracción entre
nuestros cuerpos, fueron más que suficiente para olvidar las represiones
que me obligaban a callar mis verdaderos y ocultos deseos.
El perfecto tono de su voz, sus cálidos
labios rosando mi cuello y el tierno toque de sus manos en lugares que alguna
vez me parecieron insignificantes, fue suficiente para desnudar más que mi
alma…
Sensación extraña aquella noche, una lucha
desigual entre los deseos de la carne y la razón. Lujuria inherente capaz
de bloquear cualquier sentimiento de arrepentimiento y culpable de engendrar
una irracional ambición.
El tiempo pasó y mi enferma ansiedad anulo la
magia de nuestros clandestinos encuentros,
cesó mi angustia, pero la curiosidad de mi cuerpo aún no cesa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario