viernes, 19 de mayo de 2017

Tengo más miedos que sueños, algunos tan comunes como el arroz blanco a medio día en la casa de cualquier dominicano. Perderme es uno de ellos, serle infiel a mis sentimientos y creencias, mirarme un día en el espejo y no encontrar mi reflejo, si no la proyección de un ser vivo moldeado y arrastrado por sus circunstancias como consecuencia de otro gran temor NO CUMPLIR CON LAS EXPECTATIVAS DE LOS SERES A MI ALREDEDOR, me asusta horrible.

Las personas nos observan y ya sean estas de interacción constante o no con nuestro mundo, conceden atributos a nuestro ser y esperan reacciones con base en eso que ellos creen sobre nosotros. Consientes de tan odiosa realidad jugamos a tú crees y yo te hago creer y nos envolvemos en un circulo vicioso. Vivimos en un mundo donde llorar en medio de la calle te hace ver como una persona desequilibrada, elegir felicidad sobre seguridad te genera una etiqueta inmediata de desubicado, gritar de dolor sin haber un muerto de por medio te hace quedar como un dramático, entre otras tantas.

Vuelvo al punto de mi entrada anterior, aquí to’ el mundo libra su propia batalla. 

Que diferente sería el mundo si nos preocupáramos más por conocer a las personas de verdad verdad y tuviéramos los ovarios y los cojones pa’ soportar la vida real. 

Hoy un amigo que bien conoce mis defectos y algunas de mis virtudes me vio como alma que lleva el diablo en un lugar público, a pesar de mi desplante por estar ensimismada en mis problemas del corazón, y en lugar de quedarse donde estaba y hacer como que no vio nada o juzgar mi accionar, corrió hacia mi encuentro y me abrazó. Mi inmadurez no me permitió apreciar el valor de aquel abrazo en ese momento, pero mejor tarde que nunca. Gracias mi Gsus por enseñarme el significado de la palabra amistad.  

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